EE. UU., dos dictadores y una misma fecha: ¿coincidencia o mensaje?

El 3 de enero aparece dos veces en la historia reciente del continente americano como una fecha cargada de simbolismo geopolítico. El 3 de enero de 1990, el dictador panameño Manuel Antonio Noriega se rindió y fue capturado por fuerzas de Estados Unidos tras la invasión a Panamá. El 3 de enero de 2026, más de tres décadas después, Nicolás Maduro fue capturado en Venezuela en una operación liderada por Estados Unidos. Mismo día, mismo mes, contextos distintos, pero una coincidencia que invita al análisis.

La pregunta no es si ambos hechos son idénticos —no lo son—, sino si la selección de la fecha responde a una lógica estratégica reutilizada, tanto en el plano militar como en el político y comunicacional.

El antecedente: Noriega y el cierre de un ciclo

En 1989, Estados Unidos lanzó la Operación Causa Justa contra Panamá, una invasión abierta y masiva. Tras días de enfrentamientos, Noriega se refugió en la Nunciatura Apostólica. El asedio terminó el 3 de enero de 1990, cuando Noriega se rindió y fue trasladado a Estados Unidos para enfrentar cargos por narcotráfico.

Aquella fecha marcó el cierre definitivo del régimen panameño, pero también permitió a Washington proyectar un mensaje claro al inicio de una nueva década: Estados Unidos no dudaría en actuar directamente contra líderes acusados de crimen transnacional en su esfera de influencia.

El presente: Maduro y una operación quirúrgica

La captura de Nicolás Maduro, ocurrida el 3 de enero de 2026, se desarrolló bajo un esquema completamente distinto. No hubo invasión convencional ni ocupación prolongada. La operación fue rápida, focalizada y ejecutada por fuerzas especiales, reflejando una evolución táctica acorde al siglo XXI.

Sin embargo, el elemento temporal vuelve a llamar la atención. El inicio del año no es un detalle menor: enero es un mes de reconfiguración política, de nuevas agendas y de bajo margen de reacción diplomática inmediata. Ejecutar una operación de alto impacto en los primeros días del año permite controlar el ritmo del relato internacional y marcar la pauta del ciclo político que comienza.

¿Coincidencia o cálculo estratégico?

En política internacional, las fechas también comunican. Repetir una acción de alto impacto el mismo día en que ocurrió un precedente histórico puede servir para:

• Enviar un mensaje simbólico de continuidad doctrinal.

• Recordar antecedentes exitosos desde la perspectiva de quien ejecuta la acción.

• Reforzar la narrativa de “cierre de ciclo” o “fin de era”.

• Descolocar a aliados y adversarios en un momento de baja previsión.

No existe evidencia pública de que la elección del 3 de enero haya sido explícitamente planificada como un guiño histórico. Pero en operaciones de este nivel, las coincidencias raramente son ingenuas.

Estrategias que no se repiten, pero riman

Las circunstancias de Noriega y Maduro son diferentes: contextos internacionales distintos, tecnologías distintas, equilibrios geopolíticos distintos. Sin embargo, ambos casos revelan un patrón: Estados Unidos actuando de forma directa contra jefes de Estado acusados de narcotráfico, fuera de sus fronteras, y en un momento cuidadosamente escogido del calendario.

Más que una estrategia calcada, lo que parece repetirse es la lógica: actuar temprano, marcar el año, cerrar un capítulo y enviar un mensaje que trascienda al país intervenido.

Conclusión

El 3 de enero no es solo una fecha en el calendario. En 1990 y en 2026, se convirtió en el punto final de dos liderazgos acusados de crimen transnacional. La historia no se repite exactamente, pero a veces reutiliza sus coordenadas.

Queda abierta la pregunta: ¿estamos ante una simple coincidencia histórica o ante una estrategia que, adaptada a los tiempos, vuelve a activarse cuando el poder decide que ha llegado el momento?

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